habla en su lengua

Camina con orgullo

Lo mismo que nos une hoy nos desintegra.

                                                 Gustavo Cerati

Publicado: 2016-06-29


Termina la charla sobre mi libro "Parece una agonía", organizada por la editorial Estruendomudo y el plan lector, para un colegio mixto del centro de Lima, y los niños forman una colita para que firme sus ejemplares. El libro no es de temática gay pero contiene, al final, cierta poesía de amor aparentemente entre mujeres, aunque sutil, nada sexual. 

Un niño de 15 años se me acerca para que firme su libro, me da su nombre y, mientras espera parado que le dedique unas líneas, me pide un consejo, casi al oído, apartándose del grupo que espera tras él: 

¿Cómo hace alguien que quiere salir del clóset?

Escucho su valiente pregunta y siento muchísimo cariño, solidaridad y miedo a tamaña responsabilidad. Entonces, ese adolescente (ese menor de edad que hasta ahora solo había sonreído y hecho preguntas sobre mi libro, como todos los demás) se convierte ante mis ojos en un chiquillo oprimido por una especie de jaula que es su propia habitación, probablemente el único lugar donde él mismo se permite ser lo que es...

No te juzgues jamás... le digo... ni seas objeto del juicio de nadie... pero sobre todo quiérete bastante, porque no hay nada malo en ti. Más o menos del 8 a 10% de las personas en el mundo somos como tú, yo también lo soy, somos menos gente pero tenemos el mismo derecho que todos los demás, a ser lo que somos. 

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El niño fija sus ojos tras unos lentes gruesos y siento que ha tomado bien lo que le he dicho, porque lo veo en paz. Me despido y agradezco, ya me tengo que ir y los alumnos tienen que volver a sus clases. Pero ya en el taxi, mentalmente, le sigo hablando a ese niño:

A ti te hicieron con el mismo amor con el que tú amas y mira qué linda persona eres. No hay nada malo en ti. 

A ti te amaron tus padres desde que naciste, y quizás a veces te decían que los niños no juegan a la cocinita, ni bailan ballet, ni se visten de rosado, ni le cambian la ropa a las barbies (a menos que esto último lo hagas como un chonguito sexual de niños hombres, ojo). Pero eso es lo que les han enseñado y ellos creen que eso es educarte bien. No te quedes callado, diles lo que sientes cuando te ofenden.

Dile a tu abuelo que no te gusta escucharlo vociferar: “Pero de dónde salen tantos maricones, dime...hijo?” Dile que eso es desprecio.

Dile a tu mamá que no hace falta que te diga: “Hagas lo que hagas yo te voy a querer, porque eres mi hijito y eres bueno”. No, porque eso es como decirte: “Ay, medio loquito me has salido pero igual eres mi hijo y te amo”. No escuches eso, porque tú no estás loco.

Dile a tu hermano mayor que te da miedo tapar sus cañonazos porque te duele mucho cuando te cae la pelota, y que eso no le da derecho a decirte: “Qué cabro, pareces una niñita”. No eres una niñita, eres un niño, y aunque lo fueras, las niñitas tampoco son cobardes ni cabras.

Dile a tu profesor que la homosexualidad no es una enfermedad psicológica, cuando lo escuches decir que lo es. Cuando le toque enseñar el significado de "familia" levanta tu mano y dile que la familia no solo se constituye de papá y mamá... porque hay familias de papá y papá, y de mamá y mamá, en algunos países donde las diferencias sí están permitidas.

Diles a tus amigos heterosexuales que no te les quieres mandar, aunque los mires dulcemente, porque son tus patas y tú también eres selectivo con tus gustos y sentimientos... diles que no estás desesperado por "comértelo todo".

Dile a tu mejor amigo que eres lo que eres y no te disculpes por no habérselo dicho antes. Callar también es tu derecho. 

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Al cura de la iglesia, si eres cristiano, no le digas nada, que crea lo que él quiera. Pero si te maltrata o no te deja comulgar dile que Dios no le ha dado permiso para discriminarte... porque tú también eres hijo de Dios, hermano de Jesús, hijo de la Virgen, etcétera. Tú eres parte de esa creación. 

No permitas que te digan “Dios dice” porque nadie habla con Dios y porque los dioses no hablan así. Eso que supuestamente “Dios dice” lo han dicho otros hombres, tan perdidos como ese que ahora cree que tú no eres hijo de Dios. No les hagas caso, ellos no representan a Dios. Dios es amor y eso es odio. 

Nadie tiene derecho a tocarte si tú no quieres, ni a insultarte, y tú no estás obligado a agarrarte a puñetes con nadie para demostrar que eres “hombre”. Hay mil maneras de ser hombre o mujer, o lo que quieras ser. 

Y no digas en tu defensa: "Uno no elige a quién amar"... Eso es resignación, eso es auto compasión...es un: "Mírame, soy un perdedor pero nadie elige serlo".... No es necesario. Si eligieras ser lo que eres, también merecerías respeto absoluto departe de los demás y hacia ti mismo. 

Dile al homofóbico en su cara que lo es, señálalo y no dejes que te responda: “No soy homofóbico, pero...” porque tú ya sentiste su fobia y eso es suficiente.  

Tú no eres un perdedor que necesita compasión ni tolerancia, tú eres un ser un poco distinto a la mayoría, en el sentido que te sientes atraído por los de tu mismo sexo, pero eso es lo que te hace feliz y por eso luchas. Nunca en contra de los heterosexuales solo por ser distintos a ti, pero siempre contra la homofobia tan ignorante y asesina que sienten algunos en el Perú... eso no lo pierdas de vista nunca. A falta de leyes y educación, y gracias al fanatismo religioso, estamos en un terreno minado, podemos recibir un abrazo especialmente cariñoso como también una pateadura. Igual camina con orgullo. Ellos están enfermos, no tú. 

Pero si todo esto es demasiado para ti, o al menos todo junto y al mismo tiempo, no salgas del clóset o no salgas tanto, o no salgas tan rápido... pues te va a caer palo de todas maneras y ese palo tendrás que superarlo y seguir. Y en ese caso solo quiérete mucho y escucha a tu corazón cuando te diga que ha llegado el momento de salir. Pero sal con la frente bien en alto, porque después de tantas patadas y portazos, tú ya conociste la fuerza del amor.  


Escrito por

María Luisa del Río

Periodista, escritora, viajera, idealista al extremo, defensora incansable de las causas perdidas y de lo políticamente incorrecto.


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